Belém 2025: La contradicción de la nueva carretera en la sede de la COP30 en Brasil
Tras la fachada de un paraíso natural, la esperanza de salvar al planeta se enfrenta a la cruda ironía de destruir uno de sus pulmones vitales.
En noviembre de 2025, Belém, la exuberante ciudad amazónica, se prepara para acoger la COP30, uno de los eventos climáticos más esperados a nivel mundial.
Con la meta de reunir a líderes internacionales para debatir sobre la reducción de emisiones y la protección de ecosistemas, Belém se encuentra en medio de un proceso de transformación que pone en evidencia una contradicción crucial: la construcción de la "Avenida de la Libertad", una autovía de 13 kilómetros que atraviesa 7.500 hectáreas protegidas.
Belém en la Mira Internacional
Belém, capital del estado brasileño de Pará, es una ciudad de contrastes. Con una población de 1,3 millones de habitantes y una infraestructura que aún enfrenta grandes desafíos —el 80% de sus residentes carece de saneamiento básico—, la ciudad se ha ganado una reputación en el contexto de la deforestación y el crecimiento desordenado.
Sin embargo, la elección de Belém como sede de la COP30 responde a un objetivo pedagógico: que los delegados experimenten en primera persona la realidad de un ecosistema tan vital como el amazónico.
La Avenida de la Libertad: Necesidad e Ironía
Para recibir a decenas de miles de visitantes y delegados, las autoridades han apostado por la construcción de una nueva autovía, bautizada como Avenida de la Libertad. La carretera, de cuatro carriles y 13 kilómetros de extensión, tiene como finalidad descongestionar el tráfico y conectar Belém con ciudades del interior del estado de Pará. Sin embargo, el proyecto ha generado un intenso debate debido a su impacto en un área protegida por ley durante tres décadas, creada para preservar dos manantiales vitales y un parque, además de tener un significado histórico para los indígenas tupinambá.
Esta medida representa una contradicción evidente: mientras la COP30 se presenta como una cumbre para combatir el cambio climático, la construcción de la carretera implica la tala de parte de la selva amazónica, uno de los pulmones del planeta. Aun cuando el proyecto incluye medidas ecológicas —como carriles bici, pasadizos para fauna, iluminación solar y viaductos peatonales—, la intervención en un ecosistema tan sensible genera inquietudes sobre si el costo ambiental puede ser compensado por las mejoras logísticas que promete el proyecto.
Debate Ambiental y Perspectivas de Desarrollo
El dilema no se limita únicamente a la construcción de la carretera. Belém se encuentra en un punto de inflexión donde el desarrollo y la modernización chocan con la necesidad de preservar un entorno natural único. Por un lado, las obras de infraestructura son vistas por el gobierno como una herramienta indispensable para garantizar el éxito de la COP30, permitiendo que la ciudad se adapte al inminente aumento del flujo de visitantes y delegados. Por otro, críticos y comunidades locales advierten que este tipo de proyectos puede abrir la puerta a futuras expansiones urbanas y a una mayor explotación de recursos, evidenciando la fragilidad de un ecosistema que ya enfrenta amenazas constantes como la deforestación ilegal y la especulación inmobiliaria.
La controversia se amplifica al sumarse al debate sobre la exploración petrolera en el delta del río Amazonas. Mientras el presidente Luiz Inácio da Silva apoya una explotación “sostenible”, otros sectores, incluyendo a la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, y numerosos activistas, temen que estas iniciativas pongan en riesgo la integridad de la región. En este contexto, la construcción de la autovía se convierte en un símbolo tangible de las tensiones existentes entre el progreso y la conservación.
Belém se encuentra en el epicentro de una contradicción que va más allá de la infraestructura: es el escenario donde se enfrentan las demandas de modernización para acoger una cumbre global y la imperiosa necesidad de proteger uno de los ecosistemas más valiosos del planeta. La Avenida de la Libertad, con su mezcla de innovación y controversia, pone en relieve las complejidades de desarrollar proyectos en zonas ambientalmente sensibles, y sirve como un recordatorio de que cada avance en infraestructura debe medirse cuidadosamente contra el impacto ecológico que conlleva.
Mientras la COP30 se avecina, el mundo observa atentamente cómo Belém manejará esta dualidad, intentando marcar un camino hacia un futuro sostenible sin sacrificar la riqueza natural de la Amazonia.