De Kasbhas a Djenné: La arquitectura milenaria que combate el cambio climático
Fotos: Yéssica Salazar
Este viaje a través del tiempo y la arquitectura nos invita a repensar el futuro de la construcción, recordándonos que, a veces, las soluciones más innovadoras están escritas en la historia.
La construcción moderna se enfrenta a un reto mayúsculo: reducir las emisiones de CO₂. Con el sector de la edificación responsable de hasta el 38% de estas emisiones globales, la necesidad de repensar nuestros métodos se vuelve urgente. Sorprendentemente, las soluciones podrían estar en prácticas ancestrales que, adaptadas a la actualidad, ofrecen un camino hacia una construcción más sostenible.
Fotos: Yéssica Salazar
Desde las antiguas civilizaciones, el ser humano ha aprovechado los materiales naturales de su entorno. Los sumerios, por ejemplo, utilizaron adobe y barro para construir muros gruesos y pequeños espacios que, con ingenio, regulaban la temperatura interna. Asimismo, en el antiguo Egipto, se desarrolló el mulqaf, un sistema que canalizaba la brisa para enfriar los edificios, permitiendo disfrutar de los espacios sin recurrir a modernos sistemas de aire acondicionado.
El barro: Un material ecoamigable
Frente a la amenaza ambiental que representa el hormigón – responsable de alrededor del 7% de las emisiones globales de CO₂ – expertos abogan por el uso del barro. Este material, ampliamente empleado desde tiempos inmemoriales, tiene un impacto ambiental muy bajo y es totalmente reciclable. Ciudades como Djenné, en el centro de Malí, nos muestran un ejemplo vivo de esta tradición. Su Gran Mezquita, edificada en barro, no solo es la estructura de tierra más imponente del mundo, sino también un símbolo de comunidad y resiliencia. Cada año, los habitantes se unen para restaurarla, preservando un legado milenario.
Inspiración moderna: Del pasado al presente
Arquitectos contemporáneos están rescatando técnicas antiguas. Al igual que sus antepasados, emplean la tierra local para construir viviendas que controlan el calor de manera natural, desde muros gruesos hasta techos que actúan como aislantes térmicos.
Estas estrategias, que permitían a los sumerios, egipcios y otros pueblos adaptarse a climas extremos, se revalorizan hoy en día para enfrentar un reto global: el cambio climático.
Fotos: Yéssica Salazar
El ejemplo emblemático de las Kasbhas en Marruecos
Entre las joyas arquitectónicas del mundo, las kasbhas de Marruecos se erigen como un modelo inspirador.
Estas fortificaciones y residencias, construidas con una combinación de adobe, barro y piedra, no solo destacan por su belleza rústica y su armonía con el entorno, sino que también demuestran cómo la utilización de recursos locales y técnicas ancestrales puede reducir considerablemente el impacto ambiental.
En las kasbhas, cada elemento –desde sus gruesos muros que regulan la temperatura, hasta los patios interiores diseñados para recoger el agua de lluvia– se ha concebido pensando en la eficiencia energética y la sostenibilidad. Este legado, que ha permitido a las comunidades vivir en condiciones confortables durante siglos, es hoy una fuente de inspiración para arquitectos y urbanistas que buscan reducir la huella ecológica de las construcciones modernas.
Fotos: Yéssica Salazar
Reaprender del pasado para un futuro sostenible
Cada cultura, desde los habitantes del suroeste de Estados Unidos hasta los califatos del norte de África y la majestuosa civilización maya, ha demostrado que es posible aprovechar los recursos naturales para crear ambientes habitables sin agotar el planeta.
La integración de técnicas como la recogida de agua de lluvia, el uso de materiales reciclables y la adaptación al entorno natural, no solo minimizan el consumo de energía, sino que también potencian la resiliencia urbana ante las crecientes temperaturas globales.
El pasado nos enseña que la sabiduría ancestral y el uso responsable de los recursos pueden ser grandes aliados en la lucha contra el cambio climático. Las kasbhas de Marruecos, con su impecable integración de forma y función, lideran este renacer arquitectónico, demostrando que volver a nuestras raíces es, en realidad, el camino hacia un futuro más sostenible y armonioso con la naturaleza.